Nacido en las zonas marginales de Chicago, este género musical parecido al rap, pero de letras más crudas, música más dura y estética propia, ha llegado a Europa calando entre los jóvenes de origen migrante. Sus temas hablan de la vida en la calle, la violencia y la falta de esperanza
Es complicado definir el drill. La manera corta de explicarlo sería decir que es un estilo musical cuyas ramas arrancan en el árbol del que crecen también las ramas del rap y del trap. Sus letras son más crudas, la música más dura y el tema principal es la vida en la calle. La explicación larga es repetir lo que todos los drilleros consultados en este reportaje han dicho: no es solo música, es un modo de vida. Con todas las consecuencias que eso supone.
El drill, que en inglés significa taladro o perforación, nació en 2010 en Chicago, en el sur de la ciudad, entre los adolescentes que vivían en los barrios marginales, sobre los que pesaba una crisis de constantes asesinatos. La violencia que veían en su día a día sirvió como hilo conductor de la mayoría de sus letras.
Empezaron a cantar sobre los tiroteos, los navajazos, la crudeza de barrios e infancias en las que la falta de oportunidades y la pobreza han permeado hasta crear a los jóvenes que ahora se cascan un pasamontañas o una gorra y quedan con sus amigos en la plaza desierta de su barrio para cantar las letras que escriben de noche cuando no pueden dormir.
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