Por: David Auris Villegas - Escritor/Pedagogo |
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¡Oh viajero de los andes! Cuando vayas al pueblo de los jardines azules, acuérdate llevar esta carta esbozada con sollozos y mano temblorosa y entrégale a la que todavía está sentada al pie del porche de su morada gris, Pallpapampa, ceñida de nostalgias y eucaliptos, esperando la impalpable promesa de mis adolescentes besos vagabundos.
La reconocerás a simple vista, mi flor amarilla de los jardines azules con sabor a granadilla. Le preguntarás que si recuerda su promesa de amor al caer la tarde de lluvias a la sombra de la hermosa granadilla bucólica; si ha olvidado, me habré marchado para siempre.
Dile que ella fue quien me obsequió mi primer regalo, mi primera y única billetera anaranjada sin costura, como la muchacha de la feria de Scarbourough, de la lejana edad media; entonces, al abrir la carta apenas podrá oler a flores azules, pues las lágrimas con la que fue garabateada habrán eclipsado mi promesa de amor perpetuo y sólo le recordarás que, ella ha sido mi único y verdadero amor que siempre la espero…
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