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Escritor/Pedagogo |
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Después de hacer posible solamente en las noches, al pie del perfumado molle, muy de madrugada; la visita de mi querido y único sobrino que lee con extraña avidez todos mis escritos, me alegró sobrecogedoramente, creyendo que a nadie importaba así como los perros vagabundos, siempre importamos a alguien.
Me pidió que escribiera acerca de los vagabundos como yo, mis desvalidos hermanos, los perros que van tras los pasos de la muchedumbre, dejando un fino recuerdo de su figura incierta y hambrienta que menea sus rabadillas a los hombres distraídos.
Desandan flotando en su laguna mental y sin importar la absurda clasificación racial de fineza instituido por los hombres, se confunden felices con sus hermanos y hermanas, compartiendo alguna ración putrefacta.
Perros que sobreviven en los márgenes de la rivera humana que, escribiendo esta breve reflexión, recordé calmadamente al Dalai lama, “sino podemos ayudar a los perros al menos no le causemos daño”, así como nadie me molesta en este parque, donde vago siguiendo a un perro errabundo que seguro hallará comida para compartir y saciarnos como reyes, riéndonos de las hamburguesas y los cafés árabes.
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@davidauris |
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